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Inicio 2003 Marzo La atención primaria y el proyecto de Reforma de la Salud
La atención primaria y el proyecto de Reforma de la Salud PDF Imprimir E-mail

05 de marzo de 2003

Dr. Eduardo Rosselot

La reforma en salud en actual trámite, plantea dar un impulso inédito a la atención primaria y conseguir la cobertura necesaria para solucionar el mayor número de problemas en la consulta médica junto a la implementación de programas de promoción, prevención y rehabilitación de la salud comunitaria. Se liga a este modelo una menor inversión económica, en especialización y tecnología, y el manejo precoz de enfermedades con menos complicaciones.

 

Sin embargo, fijadas las bases de la reforma, no se ha explicitado en forma acabada, dónde, con quienes y a través de qué propuestas y presupuestos realizar tal intervención, sabidas las falencias del sistema actual a cargo de los consultorios municipalizados, la debilidad de las redes de referencia, y lo precario del recurso humano para tal atención. También, se extraña un diálogo formal entre servicios y universidades para abordar tareas comunes, como es la formación de los profesionales idóneos para este cometido.

 

Se ha dado a conocer un convenio entre la Facultad de Medicina de la Universidad Católica de Chile y el Servicio de Salud Metropolitano Sur Oriente, que constituiría un ensayo para concretar los propósitos de la reforma de salud, al generar un sistema de atención universal, en base a un modelo de salud familiar.

 

En esta línea de acción el Ministerio de Salud cuenta con 45 Centros de Salud Familiar que funcionan en 31 comunas, entre la 5ª y 12ª región, habiéndose mencionado como ejemplo, reiteradamente, el CESFAM "Cristo Vive", dependiente de una ONG privada, en la Comuna de Recoleta. Uno de los méritos de este convenio estaría, justamente, en poner de relieve los esfuerzos concretos que se hacen para dar soporte estructural y humano a un modelo de salud cuya principal herramienta es la atención primaria.

 

Estas iniciativas debieran plantearse ya en el marco del nuevo modelo de salud, orientado a los más desfavorecidos del sistema actual, y con clara visión de la formación de los recursos humanos requeridos. En tal sentido, hay dos aspectos que el nuevo ministerio deberá tener en cuenta al implementar este esquema.

 

Lo primero se refiere a la dotación profesional: las universidades que se han preocupado largamente de preparar tal recurso, necesitan encontrar la disposición clara de las autoridades de salud, para trabajar juntos en solucionar estas carencias. Así, las iniciativas para habilitar los Centros de Atención Primaria tendrán relevancia; se dotarán de recursos proporcionales a las demandas que deben satisfacer, y serán servidos por profesionales idóneos para cumplir las estrategias asistenciales de estos programas que están ya debidamente formuladas e incluidas en los instructivos vigentes.

 

Un programa de atención primaria inserto así en el sistema de salud, debe tener definidos los propósitos específicos de su personal, su orientación, el grupo objetivo a manejar, su ámbito de acción, su red de apoyo, las expectativas de desarrollo profesional y los incentivos que comprometan a una tarea privilegiada.

 

El ministerio parece haber resuelto trabajar en base a médicos de familia, pero no ha habido acuerdo sobre las características específicas de éstos, lo que es condición inexcusable para formarlos y determinar los recursos con qué dotar cada centro. Algunos especialistas formados están haciendo docencia en las Escuelas de Medicina, pero los sitios donde deberían dar asistencia, no han sido abiertos ni configurados en las condiciones mencionadas. El país necesita formar por lo menos 800 profesionales para cubrir las demandas básicas.

 

Las medidas complementarias, planteadas hasta ahora por el Minsal, como el perfeccionamiento en el extranjero para los funcionarios municipales, la capacitación para los técnicos de los Centros de Salud Familiar, los diplomados en universidades chilenas y las pasantías nacionales, están muy lejos de poder aportar los conocimientos, las destrezas y las competencias para un cambio significativo en la cultura asistencial de los prestadores individuales de la salud y conseguir resultados relevantes.

 

Proveer de estos profesionales, requiere establecer entre las Escuelas de Medicina y sus programas de postítulo, por una parte, y el Minsal, por otra, un convenio explícito sobre los planes de formación, las unidades de atención y el papel de ambos tipos de organismos en una nueva relación asistencial de la cual surja el prototipo de profesional (no sólo médico), para la atención primaria.

 

Asimismo, que se promuevan atractivos para su ejercicio y la mutua sustentación de la práctica asistencial y de la capacitación para la misma. En la elaboración y desarrollo de este programa no habría por qué excluir a otras organizaciones, como las que por su naturaleza y misión pueden dar un contenido asistencial y formativo con especial sentido y compromiso, que sin desatender las implicancias económicas del proyecto pongan en primer lugar el servicio, en salud, a las personas.

 

Se puede hacer una atención primaria de categoría con diferentes perfiles médicos. Pero, técnica y políticamente, hay que definir con quien llevar a cabo esta atención, y asignar los recursos pertinentes a las acciones comprometidas. Porque, no es igual la atención primaria realizada en base a médicos de familia, que aquélla que ejercen los médicos generales, internistas generales apoyados en especialistas básicos o médicos de familia diferenciados en de niños y adultos, para mencionar sólo los perfiles más frecuentes en la elección de competencias para esta atención.

 

Tales variables de rasgos y aptitudes requieren diferentes destrezas, capacidades, orientaciones e instrumentos para abordar los distintos ámbitos de la atención primaria y, por eso, no resultan iguales las disposiciones ni los medios a considerar en una u otra organización.

 

Lo dicho, no sólo incide en la calidad de la atención sino que en la ética del ejercicio profesional y de las actividades derivadas. Por eso, es importante precisar el modelo de atención primaria, que tiene que ser congruente con los recursos previstos. La atención con médicos de familia, por cuanto accede a la intimidad de ese núcleo y sus constituyentes, a sus experiencias y conductas, que suelen transformarse en problemas de salud, es de distinta complejidad a la del médico general, que no obligadamente aborda la problemática del grupo familiar, las situaciones y alternativas de intimidad y confidencialidad, como la violencia intrafamiliar, los abusos sexuales, la promiscuidad, las carencias afectivas y materiales, los hábitos de dependencia, etc.

 

Aunque en ambos roles, la relación médico paciente se proyecte a los problemas personales del afectado y de sus próximos, la comunicación integral y el compromiso efectivo, en uno y otro caso, es muy diferente, e indispensable que el alcance de las acciones esté definido y procurados los medios y los recursos a utilizar en las situaciones emergentes, para no crear obligaciones imprevistas pero sí satisfacer a plenitud los requerimientos considerados.

 

Es fundamental que surjan acuerdos para implementar esta fase esencial de la reforma de la salud. No es indispensable, tal vez, que se aplique un solo modelo. Pero cualquiera que sea, debieran resultar de convenios globales con el Minsal, que representen el consenso de la mayoría de las unidades académicas universitarias acreditadas, con programas de postítulo en medicina familiar u otros pertinentes a la atención primaria.

 

Es necesario que exista entre las partes consideradas, una actitud tanto más asertiva cuanto colaborativa y una clara disposición a superar las faltas de comunicación y diálogo que, innecesariamente, están complicando la adopción de políticas pertinentes en la coyuntura de educación y salud.

 


Prof. Dr. Eduardo Rosselot Jaramillo.
Director
Departamento de Educación en Ciencias de la Salud
Facultad de Medicina Universidad de Chile

 

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