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Inicio 2005 Déficit atencional se vincula a conductas de riesgo
Déficit atencional se vincula a conductas de riesgo PDF Imprimir E-mail
17 de enero de 2005

Algunos niños apenas pueden concentrarse en clases. Están pendientes de todos y cada uno de los movimientos que realizan sus compañeros o de lo que ocurre fuera del aula. Un ruido imperceptible para la gran mayoría es la excusa perfecta para dejar de prestar atención al profesor, echar a volar la imaginación y, de paso, provocar caos en la sala.

Se calcula que el déficit atencional afecta a alrededor del 7% de los menores pero, según el académico de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, doctor Francisco Rothhammer, esta cifra ha sido subestimada por lo que podría llegar al doble, al menos en algunas poblaciones.

En estudios recientes se ha comprobado que este trastorno tiene una base genética muy importante, cercana al 80%, que se engloba en tres tipos de déficit: en primer lugar, aquél en que predomina la falta de atención; en segunda instancia, en el que impera la impulsividad o hiperactividad y, en tercer término, el trastorno que mezcla ambos elementos.

"Nosotros hemos hecho un estudio que nos permitió detectar un conjunto de genes vinculados al déficit atencional, dos de ellos, al combinarse, prácticamente aseguran la presencia del trastorno en el sujeto. Estos genes son el DRD4.7 -que es un receptor de dopamina- y el DAT1.10, que transporta el neurotransmisor", explica el profesor Rothhammer, quien es académico del Programa de Genética del Instituto de Ciencias Biomédicas.

Con una simple muestra de mucosa oral, sometida a un análisis de biología molecular, se puede establecer si los pequeños tienen o no los genes descritos. Ello permitiría diagnosticar precozmente al niño antes de que desarrolle el déficit atencional.

Conductas de riesgo

Ahora bien, este trastorno tiene consecuencias que van más allá de la etapa infantil del individuo. El profesor Rothhammer y su equipo han corroborado que existe co-morbilidad entre déficit atencional y adicciones, por ejemplo, al alcoholismo, comida, drogas, tabaco y deportes riesgosos, entre otros.

"El 60% de los sujetos que han tenido déficit atencional con el paso de los años continúan en fase hiperactiva. Estas personas pueden distinguirse porque tienen un exceso de energía que los lleva a actuar de manera impulsiva y arriesgada, por ejemplo, manejando a toda velocidad en la ciudad o haciendo un deporte peligroso. De hecho, hemos comprobado que manifiestan una mayor propensión al consumo de drogas", plantea.

Lo interesante es que, si bien esta enfermedad tiene una base genética, también influyen los factores ambientales. Eso significa que al detectarla a tiempo puede prevenirse el desarrollo del trastorno mejorando las condiciones sicosociales que rodean al niño.

En la actualidad, el profesor Rothhammer encabeza el grupo de la Facultad de Medicina que junto a Conace y la Universidad de Tarapacá, está postulando a un proyecto Fondef para estudiar el déficit en distintas poblaciones chilenas y crear un marcador genético masivo para detectar el trastorno.

"Así, entre otros aspectos, el sistema sanitario podrá tratar a los niños que realmente tienen déficit atencional, evitando los gastos innecesarios en fármacos y otras terapias, ya que hoy, para definir si un menor lo sufre, sólo se cuenta con un diagnóstico sicológico", añade.

 

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