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Inicio 2008 Agosto Matronas de la Universidad de Chile fomentan un parto más humanizado
Matronas de la Universidad de Chile fomentan un parto más humanizado PDF Imprimir E-mail
21 de agosto de 2008
  • Con la realización de un diploma de atención personalizada, que se enmarca en el programa Chile Crece Contigo, la Escuela de Obstetricia está buscando relevar el protagonismo de la mujer en el embarazo y parto, así como racionalizar el uso de la tecnología durante el nacimiento.

“Pienso que en Chile la mujer siente una gran inseguridad y miedo de parir, lo que explicaría en parte las altas cantidades de cesáreas que se registran en el país y que sobrepasan largamente, sobre todo en el ámbito privado, a las cifras recomendadas por la Organización Mundial de la Salud ”, comenta la terapeuta corporal Lorena Naves.


La especialista, quien es una de las docentes del Diploma de Atención Personalizada en el Proceso Reproductivo que impartirá a partir de agosto la Escuela de Obstetricia de la Universidad de Chile, añade que esta inseguridad está vinculada con la “poca conexión que tiene la mujer con su propio cuerpo”.

Por un lado, señala, desconoce su organismo y, por otro, el sistema ha medicalizado en exceso un evento natural y cotidiano que no debiera ser considerado como traumático. “Al trabajar con las matronas y futuras madres lo que hago es cambiar su mentalidad de manera que el nacimiento del hijo sea motivo de goce y alegría y no una experiencia donde predominan el susto y los procedimientos científicos”, apunta.

Para ello entrega conocimientos fisiológicos que se centran en la vivencia personal porque, según explica, no basta con conocer intelectualmente la anatomía, es importante vivirla e incorporarla al acervo propio.

“Cuando las invitamos a que experimenten sus músculos, sientan la pelvis y conozcan el canal de parto, entonces van relajándose y perdiendo el temor al dolor. Eso les da confianza y las empodera en su rol de madres o profesionales que ayudan a las mujeres a traer a sus hijos al mundo”, explica Lorena Naves.

La terapeuta corporal señala que el objetivo es fomentar un parto menos intervenido y más humanizado, lo que se relaciona con el respeto por la embarazada. “Es importante que esté en un ambiente lo más similar posible a su casa, con luces bajas, sin ruidos y acompañada por alguien que la acoja amorosamente, la acaricie, le haga un masaje si lo necesita y que, por sobre todas las cosas, le dé afecto y seguridad”, comenta.

Ambiente íntimo

Por eso, idealmente, el recinto asistencial debiera tener salas de pre parto individuales y espaciosas donde la mujer pudiera caminar, hacer algunos movimientos y colocarse en las posiciones que le permitirán disminuir las incomodidades del proceso.

“En Holanda, por ejemplo, donde la mayoría de los nacimientos son naturales, se han desarrollado casas de parto que evitan la anestesia y, en cambio, fomentan el acompañamiento afectivo. Es que se ha comprobado con estudios científicos que al comparar la experiencia de mujeres a quienes se les puso la epidural con aquellas que no recibieron anestesia pero que, por el contrario, estuvieron apoyadas adecuadamente por algún familiar, amigo o matrona, estas últimas evaluaban mucho mejor el parto”, recalca.

Eso sí, reconoce, en un sistema como el nuestro, sobre todo en el ámbito público, es difícil que las matronas, obligadas a demostrar productividad y a atender a varias mujeres al mismo tiempo, puedan humanizar el proceso. Pero, añade, se están generando cambios que van desde lo más simple hasta modificaciones de infraestructura. “En algunos hospitales no se llamaba a las mujeres por su nombre, eso ha ido variando, y en ciertos recintos asistenciales se han construido salas que cumplen con los requisitos antes mencionados, incluso, se han instalado duchas y tinas para que las mujeres puedan darse un baño caliente si eso les ayuda”.

Asimismo, se permite que esa persona afectivamente importante para la embarazada se encuentre a su lado durante el parto. “Y si la madre está sola, la matrona es quien está llamada a acompañarla y a darle cariño para relajarla”, plantea.

Practicando se aprende

El diploma consta de cuatro módulos: bases fisiológicas de la atención del parto humanizado, protección integral al desarrollo neonatal, proyecto de implementación y técnicas de contención y relajación. Este último módulo, de 56 horas, es impartido por Lorena Naves y Ximena Arias, psicóloga.

En él se enseña autopercepción corporal, a agudizar la autoobservación, las comunicaciones sutiles, el sostén y contención, tonalidad muscular superficial y profunda y a realizar ejercicios claves de respiración, centramiento y trabajo corporal.

“El nuestro es un curso esencialmente práctico en que la matrona aprende a conocer su cuerpo y las posiciones más adecuadas para que se alivie el dolor durante la labor de parto. Pero también es una instancia en que recuerda los motivos íntimos que la llevaron a estudiar esta carrera y que a veces, por la mecanización del sistema, se van dejando de lado”, señala Lorena Naves.

Agrega que en sus clases las motiva a ser muy femeninas, suaves, dulces, compasivas y las llama a no juzgar o hacer juicios morales de la mujer que está teniendo a su hijo. “De acuerdo a mi experiencia reconocen que estas clases las han ayudado a emocionarse más con los nacimientos y a generar proyectos de humanización para ser aplicados en sus lugares de trabajo”, dice.

 

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