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Lunes, 25 de Abril de 2016 00:00

- Doctor Humberto Reyes Budelovsky comienza su presidencia

Los desafíos de la Academia Chilena de Medicina en la sociedad actual

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Doctor Humberto Reyes

Compuesta por 36 miembros de número y 22 correspondientes, este pilar señero del Instituto de Chile tiene como propósito fundamental contribuir al progreso del conocimiento de la disciplina en todos sus aspectos, y aspira a ser la conciencia reflexiva del país en esta materia. Desde esa perspectiva, la misión del doctor Reyes será liderar a esta Academia en el establecimiento de las directrices que nutran el bien hacer de médicos, industria proveedora en salud, sociedades médico-científicas, universidades y otras entidades, en épocas en que la velocidad de los avances desdibuja el paisaje de las responsabilidades y derechos, individuales y colectivos.

 

El delicado equilibrio en la relación entre médicos y la industria proveedora de insumos de salud; el controversial espacio entre las universidades y sus campus clínicos; el camino burocrático y lleno de conflictos de intereses entre las políticas públicas de salud y educación y la sociedad nacional. Esas son algunas de las agitadas y oscuras aguas que la Academia Chilena de Medicina intenta, como un faro, iluminar para que todos quienes tienen poder de decidir en esos distintos ámbitos lleguen a buen puerto.


Pero, a veces, el Instituto de Chile -al cual pertenece- no tiene cómo pagar la cuenta de electricidad. Literalmente. Llegan después del receso de marzo y no tienen con qué cancelar sus remuneraciones al personal administrativo y, menos, los servicios básicos. Por unos días quedan aislados, sin luz, teléfonos e internet. "Como en el Polo Sur", dice el doctor Reyes, resignado a una situación que describe como antigua. "Ante todas las preocupaciones que tiene el Ministerio de Educación, desde los preescolares a la formación súper especializada, ¿cuántos minutos de pensamiento dedicarán a esta situación? Todos dicen y coinciden con nosotros en que es inaceptable. Pero sigue ocurriendo", añade.

 

"No somos una sociedad científica más"
Existen desde hace más de media centuria, primus inter pares, elegidos por su aporte al conocimiento, a la asistencia y a la formación de nuevas generaciones. Reconocidos por un legado que los erige como consejeros para personas, agrupaciones y entidades: "No somos una sociedad científica más", sentencia su nuevo presidente, electo el 2 de diciembre de 2015 -aunque no presentó candidatura- y en funciones desde marzo de 2016. "Cada una de las academias del Instituto de Chile tiene que representar la máxima expresión de calidad de la cultura nacional en su respectiva disciplina, y responsabilizarse de aconsejar al gobierno, a las organizaciones que corresponda e incluso a los profesionales que alberga, dándoles directrices y recomendaciones en los distintos ámbitos de su quehacer".


Así, y a solicitud del Ministerio de Salud, en 2015 evacuaron un completo análisis respecto de los posibles efectos nocivos de la presencia de timerosal en las vacunas, realizado por expertos pertenecientes a su entidad y por otros convocados de forma especial: concluyeron que no hay evidencia científica que respalde una relación de causalidad de daño a los inmunizados atribuible a este compuesto. Además, y por interés propio, crearon y presentaron recomendaciones generales a sociedades científicas, médicos e industrias proveedoras de insumos de salud, aplicables para una relación trasparente e inequívoca entre las partes, las cuales se encuentran profundizando para una segunda entrega. "Esta industria financia miles de ensayos clínicos en todo el mundo, sometiéndose a estrictas reglas en lo que se refiere a aspectos éticos. Entonces, entre las tareas que espero impulsar está completar el documento de recomendaciones que ya emitimos, que eran los aspectos generales de estas relaciones, dirigiéndolo ahora hacia los ensayos clínicos. Porque por el prestigio de la medicina nacional y la calidad de los académicos jóvenes y de edad media en la práctica de estos estudios, hace que seamos participantes fundamentales de estas investigaciones de carácter internacional, en las cuales tienen que, en poco tiempo, incluirse a miles de pacientes para tener una respuesta sensata en un plazo relativamente breve. Es necesario que se fijen recomendaciones razonables para ayudar a los médicos que contribuyen a estos proyectos a, entre otras cosas, protegerse de presiones indebidas".


Pero reconoce una disyuntiva en este ámbito: dentro de la industria de la salud, existe una organización muy importante para nosotros como es el consorcio de industrias farmacéuticas innovadoras. Esta industria tiene sus reglas, las hemos estudiado, y son muy claras y parecidas a las que nosotros damos como recomendaciones. El problema estaría en hasta dónde se cumplen, y ahí tenemos la situación insólita, pero universal, de que mientras recomendamos restricciones a la aceptación de obsequios, por otro lado nosotros mismos, a través de las sociedades y universidades, les pedimos ayuda, porque ellos son los proveedores más importantes que tenemos para apoyar la impresión de revistas, por ejemplo, a través del avisaje. Igualmente, la organización de congresos exige muchos gastos, que las sociedades con la cuota de sus miembros jamás podrían cubrir, por lo que no se podrían hacer encuentros anuales, sin los cuales se pierde el contacto de los asociados. Es una situación difícil de manejar, pero debe y puede hacerse.


Formación y acreditación

Otro ámbito de preocupación para la Academia Chilena de Medicina es la formación de los nuevos profesionales, desde las perspectivas de la acreditación de las instituciones educativas y asistenciales que sirven como campus clínicos, así como la calidad del cuerpo docente. Su perspectiva se encuentra enriquecida por su amplia experiencia personal que, aunque muy diferente a la actual, marca claros y oscuros que le parecen evidentes.
De esta forma, el doctor Reyes recuerda que en los años ‘60, cuando se creó esta academia, existían sólo las escuelas de medicina tradicionales, por lo que los recintos asistenciales del Servicio Nacional de Salud eran suficientes para que cada estudiante pudiera aprender al lado de su maestro y junto a la cama del enfermo. Ahora, señala que debido al enorme número de alumnos y a la falta de hospitales acreditados para la docencia esta es una situación cada vez más compleja, frente a la que se cuenta con nuevas tecnologías como los simuladores que, si bien muy buenos, no reemplazan el cara a cara con el paciente. Hoy, los nuevos currículos enfrentan tempranamente al estudiante con las personas, los preparan para ello, "y sirve para que sepan si la medicina es realmente su vocación, aparte de lo bien que les pueda ir en los ramos más teóricos".


En conceptos íntimamente enlazados, considera que los mejores médicos sólo pueden ser formados por docentes que hayan adquirido herramientas para la enseñanza de la disciplina en la educación superior y en casas de estudios con carreras acreditadas, así como los hospitales que les sirven como campus clínicos. "El solo hecho de que lleguen estudiantes de medicina a cualquier centro de salud cambia la vida de ese centro, su cultura médica es estimulada a progresar. Los jóvenes son preguntones; ojalá lo fueran más aún, y para un médico el no poder contestar las preguntas de un alumno es embarazoso, lo que lo insta a prepararse más. Además, mejora la relación médico paciente, porque a quienes se atienden les gusta estar con gente joven, amable y que demuestre interés, salvo en el caso de que estén muy graves. Esto, lamentablemente, no es así en la mayoría de los recintos sanitarios privados: para ellos el estudiante de medicina no es grato, muchos de sus pacientes se resisten, por lo que no son favorables para pregrado pero sí para el postítulo, para las especialidades".


Por esta razón, el recién asumido presidente sentencia que "el derecho a formar escuelas de medicina y ocupar campos clínicos no se le puede negar a nadie, pero hay regulaciones precisas para el número de estudiantes que se pueden llevar, dependiendo de factores como el número de camas o de consultas ofrecidas. Tiene que haber un balance entre los que solicitan y los que ofrecen campus clínicos, y no debe hacerse en base a un negocio, sino considerando, por ejemplo, el número de docentes que se va a proporcionar para esas tareas".


De esta forma, añade, "en estos momentos estamos preparados para asesorar a los ministerios correspondiente y a la Asociación de Facultades de Medicina de Chile, Asofamech, en el sentido de guiarlos en la toma de decisiones con respecto a la proliferación de escuelas, el aumento de cupos de alumnos en los primeros años, el seguimiento que tienen a lo largo de su carrera, el Eunacom..."


¿Cuál es la acogida que pueden tener estas recomendaciones?
La Academia ha estado permanentemente preocupada del tema académico y campos clínicos, y ha tenido seminarios destinados a ello. Ahora, no podemos tomar decisiones que tengan efecto práctico inmediato, lo que hacemos es emitir una recomendación razonada, fundamentada, que permita al Ministerio de Salud o al de Educación tomar decisiones al respecto. Ahora, es imposible conseguir que un documento de este tipo tenga menos de cinco o seis páginas de extensión, debido a que contiene revisión de antecedentes, documentos de todos los países, estudios de la situación local y al final van las recomendaciones. Difusión de este material en la prensa nacional es imposible, porque habría que financiarlo; lo que hacemos es entregarlo a todas las sociedades médico científicas, facultades de medicina y ministerios correspondientes, solicitándoles que ellos los repliquen hacia sus miembros; la mayoría de las veces lo hacen pero, pese a esto, a muchos médicos que debieran beneficiarse con esa información no les llega.


"Por eso, tenemos que buscar un mecanismo para ser más proactivos en esta materia, por lo que queremos que nuestra página web se convierta en un elemento amistoso, fácil de recurrir, donde los médicos del país, cualquiera sea su especialidad, puedan ver qué novedades tiene la Academia Chilena de Medicina, ingresando directamente y sin esperar a que su sociedad científica o su universidad le llame la atención hacia un determinado documento".


Mismos problemas de la ciencia
En ese ámbito, una muestra de sus vastos conocimientos respecto de la relevancia de la difusión del conocimiento lo tiene en su experiencia como miembro de los Consejos Superiores de Fondecyt, presidiendo el Consejo Superior de Ciencia durante tres años a partir de 1993. "En ese período conocí a fondo el problema de los científicos en Chile y no ha variado sustancialmente hasta ahora: han aumentado en número, postgraduados y doctorados, pero enfrentan las mismas dificultades de antes, como son las trabas burocráticas, la limitación de recursos y una muy poca receptividad por parte del público en general. La gente entiende que la ciencia es importante, pero prioriza los temas más urgentes y ya lo último son los problemas políticos, que han sido siempre las primeras páginas de los diarios. Pero en los países más desarrollados la ciencia tiene protección gubernamental muy fuerte, la estimulan porque están convencidos de su importancia; en Chile ese respaldo es muy tenue, muchas veces se queda en las buenas intenciones y no en actos reales. Sin embargo, hay una diferencia positiva respecto de antes: la prensa tiene muy buenas secciones dedicadas al tema. Eso educa a la opinión pública y beneficia la imagen de la ciencia.


Para alcanzar esos objetivos, finaliza, es que debiera resolverse permanentemente el problema crónico del financiamiento del Instituto de Chile y sus seis academias. "Lo hemos vivido desde que el doctor Alejandro Goic era nuestro presidente y luego con el doctor Rodolfo Armas, más aún porque él ejerció la presidencia simultánea de la Academia de Medicina y del Instituto de Chile. Esta es una situación inaceptable que han conocido las autoridades del país desde hace muchos años, pero no la han corregido".

 

Humberto Reyes Budelovsky

Médico Cirujano de la Universidad de Chile, Especialidad: Medicina Interna y Hepatología. Profesor Titular de Medicina desde 1980. Jefe del Servicio de Medicina del Hospital del Salvador entre 1980 y 1993. Creo y dirigió la unidad de investigación hepatobiliar del departamento de Medicina Experimental del Campus Oriente. Miembro del Consejo Superior de Conicyt. Miembro de Número de la Academia Chilena de Medicina, y su presidente para el período 2016-2019. Profesor Emérito de la Universidad de Chile en 2008. Editor de la Revista Médica de Chile entre 1996 y 2016.


Cecilia Valenzuela León

 

 

 

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